miércoles, 17 de noviembre de 2010

Historia de un museo

por, Tricia Takanawa
Entre cabezada y cabezada, oigo el chirriar de las vías. Apenas me da tiempo a visualizarla. El suficiente para degustar esos shorts inexistentes. Lastima que los vicios no me dejen reaccionar. La noche esta agonizando, y con ella todos los despropósitos vividos hasta el momento. Parece mentira que hace media hora mi único anhelo fuese  volver a visitar la sala de las zorras, y que ahora me encuentre moribundo con un punky luchando por sobrevivir a mi vera.

Aquella sala pertenecía a una discoteca, mejor dicho, a un laberinto. Me movía por ella como cegado por la atracción sexual proveniente de hermosas parejas lesbicas, como atraído por todo el cristal que pudiese desear. Sin embargo, jamás encontré la santa tarima, aquella en la que los voyeurs dejaban de serlo para sentir el delicioso placer de la carne humana.
Volaba por el local como subido en una avioneta que nunca existió, agradecido del vodka con whisky, de aquella majestuosa jugada que acabo en gol. Lastima tirara al traste unas cuantas ilusiones durante la noche, y no nos dejaran subir a la zona vip. Mi único consuelo seria compartir acrobacias con los primos de Tony Hawk. Parecieron salir de una boca de metro. Un underground cosmopolita con estribillo preconstitucional. Un subterráneo en el que viejas, cachondas y mujeres de dudosa ética compartían botellón con lo mas parecido a un varón español que jamás conocerán.
Un poco de hielo seria suficiente para apaciguar nuestra sed. No debió pensar lo mismo el Mesías cuando encaro su destino. Ni los poderosos intentos fatos por secar la calle con lo primero que pillase pudieron dar al traste con su sed de triunfo. Durante la tarde la comunicación fue algo dificultosa. Al encontrarnos rodeados de extranjeros, nos vimos obligados a declarar nuestra autodeterminación, nuestra independencia real de toda la basura que nos rodeaba. Y esto último con patxaran se hace mejor. Con 91 euros de patxaran mucho mejor. Con 91 euros de patxaran y orujo todavía mejor. Con 91 euros de patxaran, orujo y leche de pantera borracha incluso mejor. Y el culmen es hacerlo con 91 euros de  patxaran, orujos, leche de pantera borracha y 317 visitas al comunio bundesliga.
Habiendo visitado ya el corral de nuestras sensaciones, fue mucho mas hermoso visitar la gran catedral del mar, sita entre artilugio pakistaní y tienda china en el barrio gótico. El ring del microondas marcaba la hora de comer/merendar. Pollo seria nuestro sustento. Menos mal que la abundante cebada consumida llenaba nuestros estómagos, preparados incluso para subir el Monrepós. Preparados incluso para plantar cara a una policía local totalmente incompetente. Capaz de perseguir el top manta, e incapaz de comprender el devenir circulatorio de un autobús.
Tocaba volver a la realidad, y tras una noche en compañía de una dama algo mas rellena de lo normal, una sensacion recorrió mi cuerpo: Una Resaca Cualquiera en Barcelona
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Otros articulos de Tricia Takanawa:
 - Sin rencor
- ¿Democracia?
- La peste del siglo XXI
- Salvese quien pueda
- 29-S Fantochada General
- Que bonito es ser rico
- Un relato ficticio...o tal vez no
- Las ruinas de mi hermosa casa
- Los lunes al sol
- La verdadera fiesta nacional

2 comentarios:

  1. Que grande coño! I love ''El Corral''

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  2. Esa Tricia!!! y viva la sal de las zorritas!!!

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